Salí con ellas a un recado y nos pilló una de esas imprevisibles
tormentas primaverales. De pronto ¿mmmm? ¿Siento el pie mojado? No, no puede
ser, no pueden fallar después de tantos años.
Al llegar a casa me las quité y las tomé entre mis manos.
Algunos de los puntos característicos de sus suelas (de ahí que se llamen pelotas)
estaban totalmente comidos por tanto trote y justo ahí se había abierto una
raja, un abismo, un cisma. Mis pelotas, las mismas que me han acompañado nada
más y nada menos que 12 largos años.
No os diré como llegaron a mis manos, bueno a mis pies, pero
os diré que han sido las zapatillas más originales que he tenido. En cuatro
colores pastel que las hacía más que versátiles para mi trastorno obsesivo de
combinar colores, cada pie era diferente y eso las hacía además tremendamente
originales.
Qué contaros de su comodidad. ¿Has tenido unas pelotas
CAMPER? Entonces sabes de lo que hablo.¿ Caras? Compensa su precio dada la
duración.
Ayyyy!!!!, mis viejas zapatillas. Hace un par de años las teñí
de negro para borrar los roces de tantos caminos, senderos. Tantas emociones,
tantos viajes (Alemania, Bruselas, Londres, Marruecos y más de media España)
Tantos recuerdos que a punto de depositarlas en la basura he
decidido dedicarles estas palabras y guardarlas en una caja hasta que les busque
un uso reciclado que les devuelva la vida y dónde yo pueda rememorar con su
vista tantos buenos momentos.
Ah! No debo olvidarme mañana mismo de comprarme unas buenas
pelotas CAMPER. ¿Seguirán teniendo este modelo antiguo de cuatro colores? Ya os
contaré.
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