Me suena el día a Carlos Cano, me sabe a macarrones con caldo de la abuela.
Me huele a recuerdos de infancia a saltos en el colchón de lana y a trampas en los cartas en Navidad.
Nos enseñaste a jugar al domino, a esperar los tickets de las ferias del Pilar, a cambiar tebeos los sábados y abriendonos apetito de lectura que aún perdura. ¿quién tiene un tío que haya leido "la Iliada y la Odisea"
Escucho tu voz, gruesa, profunda y acelerada, tus juramentos y a la ternura y el cariño que me profesabas aunque la tuviera que adivinar entre tanto grito.
Veo tu sonrisa socarrona y cómplice cuando me preguntabas, enseñándome la propina, - ¿Te hace falta?- y a continuación cuando la ponías en mi mano la sempiterna frase
- Acuérdate de los pobres-
- Acuérdate de los pobres-
Tu repertorio de objetos extraños e inverosímiles y los mil relojes desmembrados me devuelven la sonrisa.
El último dia, al fin, me hiciste caso y sin tu característica tozuded te fuiste tranquilo con el permiso de quien tanto te quiso para cruzar al otro lado.
Mañana descansaras al lado de la abuela. Dale un abrazo de nuestra parte porque también la echamos de menos y alli esperadnos.

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