lunes, 25 de marzo de 2013

Los abrazos de Mariano


Tras un día largo el de ayer y una noche eterna e insomne lo que más recuerdo del gran maestro son sus abrazos. He sido una privilegiada y he formado parte de su vida profesional y privada casi veinte años. Cuando alguna vez la vida nos separaba fueran meses, semanas o tan sólo un día al reencuentro me daba un abrazo fuerte, prolongado, sincero, protector y reconfortante. Me hacía sentir en ese minuto todo lo que sentía por mí y que siempre podría acudir a refugiarme en su abrazo.  Al principio yo reía porque no me alcanzaban los brazos para rodearlo y como fueron pasando los años y la vida le pasaba facturas  yo lo rodeaba hasta que podía agarrar mis manos en su espalda como si quisiera sujetarlo, atarlo a mi persona. Sin embargo, al despedirnos no había abrazo. En la despedida  yo solía besarle la frente con respeto e infinito cariño.

Mariano me dio todo, me bautizo con el nombre de Cris Cras porque le recordaba a una amiga francesa de su juventud, me enseñó todo, el buen comer, el placer de fumar aunque ambos terminamos por dejarlo, a beber champán, también a disfrutar del teatro… del bueno y a su manera. Me regaló dibujos de su juventud, un poema, una preciosa dedicatoria, parte de su sabiduría y el honor de enseñarle algo nuevo o aprender juntos los entresijos de los programas informáticos. Los bolos con él era una excursión familiar dónde cabía bañarse en el rio, visitar algún monumento, perder la escenografía y ganar en el bingo del pueblo. Teatro y familia conjugaban con el trabajo bien hecho y la diversión. Cuando el teatro de mi vida se convirtió en otra cosa lo dejé y Mariano me dio su beneplácito.

Allá dónde fui siempre vino a visitarme como un padre que se ocupa de su retoño. Siempre preocupado si tardaba en verme demasiado. Sólo él me hacía sentirme importante porque todas las ideas me las contaba y contaba conmigo para todas sus ideas. Ayudante de dirección a su lado pasé grandes momentos y conocí grandes actores pero no creáis que le ayudaba dirigiendo…no. Mi labor era mucho más prosaica. Tomar notas, tener el estanco lleno y en verano comprarle sus calipo de lima-limón. Pero eran momentos especiales. Si por cualquier razón no podía ayudarle me hacía un mohín pero siempre me entendía.

Me gustaba colocarme en el suelo a su lado cuando se sentaba en el sofá y preguntarle sobre su historia, su vida fue apasionante desde muy joven y tan original como él mismo.

Pero sin duda el mejor  Mariano era cuando su Marisol estaba a su lado. La amaba, Mariano era porque Marisol era con él. Y, Bucho, tan parecidos, tan diferentes. Y es esto el mejor regalo que Mariano me ha dejado dejarme entrar en su familia y quedarme. Dejarme a Marisol gran amiga y confidente y un hermano, Bucho con quien he compartido bolos, risas, buenos y malos momentos.

El último día que lo vi como siempre me senté a su lado, como siempre,  para comer y le recordé que me debía un retrato, me contestó con un vago si con una retahíla de pegas mientras miraba a su nieta. Lo mire atentamente y supe que Mariano era ya un hombre feliz jugando con su niña y que estaba más cerca de ella que de nosotros. Eso si esta vez también hubo abrazo en la despedida. El último abrazo de un hombre que cambió mi vida y me enseñó a vivirla.
                                                                                                              Cris Cras
Cristina París
 
 

2 comentarios:

  1. Cris, me has dejado sin palabras... que preciosa historia la que has vivido.
    Enhorabuena por ello y piensa que debe servirte de guía para tu vida ayer, mañana y siempre...
    Un abrazo.
    Sther

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  2. Era una persona peculiar, especial, impactante,
    tan inteligente q me hacía sentir pequeñita a su lado.
    un suegro atípico al q nunca dejaré de admirar.

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