A continuación el texto escrito aquel 11 de Marzo.
La lista negra
de víctimas del terrorismo hoy, 11 de Marzo, se ha visto dantéscamente
ampliada. Una lista en la que podían haber aparecido tu nombre o el mío.
Yo pensaba que mi nombre no. Yo
soy pacífico, no me meto en política pero no hay duda de que todos somos objetivos potenciales de
cualquier grupo terrorista. Lo mismo da que se llame Al Quaeda que E.T.A. El
terrorismo no es diferente a la guerra, aunque algunos dirigentes opinen que
con una acabaremos con lo otro. Las víctimas son las mismas con los mismos
nombres anónimos con la misma libertad mermada y con la misma inocencia. Nada,
ni las ideas, ni las creencias justifican el horror de la muerte gratuita y
violenta.
La
ideología debería ser siempre pacífica buscando el bienestar del ser humano y
la fe para quien la vive estandarte de paz y fuente de consuelo. El mismo consuelo que hoy
cristianos, judíos o musulmanes habremos de buscar en nuestro Dios sea cual sea
el nombre que le hayamos dado.
Hoy 11 de
Marzo elevo a mi Dios la suplica y la queja.
Desde la
impotencia y el dolor te pido, mi Dios,
que no haya hijos pródigos en tu rebaño, no quiero el retorno para esas ovejas
descarriadas. Quiero que ellos sientan el pesar de perder a un padre o a un
hermano. Quiero que su eternidad este plagada de los gritos de horror de sus
víctimas. Quiero que su paraíso sea un infierno y lo disfruten con el cuerpo
desmembrado, quiero que si en el último suspiro alzan su mano hacia ti tú se la
cercenes.
Pero creo en ti y en tu voluntad y quiero
que mi fe me seque las lágrimas. Quiero que me sostengas y me llenes de
consuelo para que en mí no quepa ni el rencor ni el odio. Necesito saber que tu
sabrás hacer justicia y que no nos has abandonado a nuestra suerte.
Quiero rezar un padrenuestro pero hoy serás
tu quién perdones a los que nos ofenden para que mañana con tu ejemplo y tu
fuerza seamos nosotros los que perdonemos.
Así sea. لذلك אַזוי זייַן

Los nombres de las víctimas
siempre se escriben juntitos. No sé si como son tantos se aprietan para que el
muro no se extienda y llegue a rodear nuestras conciencias o para que se hagan
compañía y que no sientan la misma soledad que nosotros por su ausencia.
Los nombres de las víctimas
siempre se escriben pequeñito. Y yo creo que deberían escribirse en mayúscula y
bien grande como se escriben los nombres de los héroes de la historia.
Los nombres de las víctimas
siempre se escriben juntitos. Y deberían tener cada uno su espacio, uno bien
grande dónde quepan todos su recuerdos, sus méritos, sus vivencias y la
profunda tristeza de sus seres queridos.
Un monumento para cada víctima,
para cada vida arrebatada. Grandes monumentos que nos sacudan, que nos recuerden
aquella canción de Mecano “el que muere ya no vive más” , que nos transporte al segundo en el que
las imágenes del horror nos dejaron el latido del corazón en suspenso y todos
morimos un instante.
Monumentos para cada dolor. Para
los de aquí y los de allá. Para las víctimas de todos los terrorismos, los
políticos, los religiosos y los económicos, para las bombas en mochila, los
coches bomba, las bombas de NAPALM, las atómicas, las lapa o las minas
antipersona. Para las víctimas de cualquier sinsentido.
Para todas un recuerdo.
Cientos de miles de monumentos que pueblen el mundo y nos impidan olvidar.
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